viernes, 25 de mayo de 2012

Personajes de mitología en nuestro presente

Personajes de mitología en nuestro presente

¿Irónico verdad? Las cosas cambian respecto a como suceden o mejor dicho, hay personas que tienen el poder de cambiarlo todo pero al final de cuentas no hacen nada; en vez de ello continúan empeorándolo todo sin cesar. Por ejemplo, un día puedes estar en la cima del mundo y al otro estarás debajo de él, acarreando todo su peso. Y literalmente pasó en las leyendas con aquel personaje heroico llamado apolo que hace referencia a un dios. Y que si bien algunos se quedarían sorprendidos al escucharle y hasta chistarían, advirtiendo que son solo leyendas. Pero bien sabemos que los dioses romanos tenían cada uno su propio defecto y eso que eran dioses. Ahora imagínense los humanos que fueron los que los crearon de su fantasía y sus momentos libres.

La aventura comienza y dice así: Arius era un gobernante aclamado. Sus actos de beneficencia (o benevolencia) para la comunidad, hacían que la gente viviera feliz y en armonía. Pero si solo nos quedamos en el cascarón de las cosas, solo nos acomodaremos a una cara de la moneda (y esto acarrea una serie de conveniencias mentales para evitar observar lo que realmente es).

Este personaje Arius era inteligente, carismático, con buen porte y una riqueza impresionante (y con ello me refiero a los millones que tenía como dinero propio). Pero contrario a lo que muchos creían, esta cantidad exorbitante de dinero no solo se quedaba en billetes y monedas, también dejo en claro, que tenía inversiones en la bolsa, acciones que si bien podía ser una medida arriesgada, le presentaba sus más exquisitos frutos en cada día en el cual las personas que contrataba para cultivarlos, trabajaban incansablemente mientras él se sentaba al calor de su acogedora chimenea con un libro en su mano derecha mientras que en la otra, sostenía fielmente una copa de un exquisito coñac edición 1920. También tenía innumerables propiedades a su disposición, las cuales representaban un gigantesco inmueble que parecía no tener fin.

Pero esta historia no se dedica meramente a reseñar, admirar, envidiar o simplemente degustar la lectura de un personaje ficticio que nada tiene que ver con la realidad de nuestros días y además su sola mención represente nada más que una coincidencia absurda (como lo acabo de plasmar en palabras anteriores). Esta historia tiene un componente más profundo que la mera contaminación de palabras en interminables cantidades, que solo buscan ofrecer una calidad media-alta, pero que al fin de cuentas no llegan ni a ser una obra mediocre hecha con la mera razón de: “escribir por escribir”.

Entonces retomemos la lectura, señor lector o señora lectora, espero no se haya dormido o borrado el archivo. Su tiempo vale y el mio también. Le agradezco por su compra porque ello representa que hoy podré comer pan y leche, ver televisión y hospedarme en alguna humilde morada… Oh perdone usted, creo que me excedí en lo que respecta a la exageración.

Bueno, volvamos a Arius. Nuestro fiel salvador en una limusina con un grandioso nivel tres o cuatro en lo que se entiende como blindaje. Pues y se preguntarán:-¿Por qué un personaje tan noble, tan ideal, tan sorprendentemente ético y con una determinación, inteligencia, riqueza y humanidad tan incalculable necesita tener semejante sistema de defensa mientras se desplaza por entre la gente a la que le ha dado prácticamente todo lo que tiene?-. La razón es sencilla: Él se defiende de las personas a las que protege, por las cuales trabaja, ayuda y da todo lo que tiene. Es triste pensar que una persona con tantos valores pueda ser odiada por quienes no quieren que esté allí viviendo y generando empleo, salud, vivienda, estabilidad económica y muchas otras cosas que a las personas le alegra la vida. “Las personas son felices en función de lo que ganan” se preguntarán muchos, u otra parte puede afirmarlo. Una vez caminando en mi vida real, o la vida real de algún ser que me inventé, observé a un anciano que jugaba con un niño. Me detuve y enseguida me pregunté:- Ese hombre que juega con ese chiquillo, ¿no estará muy viejo para hacer lo que hace? Podría agarrar un resfriado, alguna enfermedad, algún mal, podría dañarse por tanto esfuerzo, podría caer, rodar, y hasta podríamos hacer una película de las tantas posibilidades que existirían. Hasta era factible pensar que los extraterrestres lo podrían abducir; a él y al niño -. Y miraba pero lo único que observé fue una inmensa alegría y ello me conmovió. Pero la historia no se trata de conmover, se trata de lo que se tiene. Me preguntaba si aquel hombre como era tan feliz, debería tener un trabajo o un sueldo tan gigante como la ciudad. Y que decir del niño, ¿a su corta edad y ya trabajando? Eso es absurdo, los niños no trabajan, ellos juegan. Aunque debo decir que hay muchos que juegan en frente de los semáforos por unas cuantas monedas claro está.

Pero bueno, en la ciudad que tenía el señor Arius, no habían niños vendiendo o jugando en frente de los semáforos. Para la gracia de todos, el también poseía un plantel educativo que se extendía por varios kilómetros. ¿Por qué por varios kilómetros? Porque el señor Arius tenía allí su propia escuela, colegio y universidad con garantía de prácticas para los que terminaban sus carreras. La escuela acogía al infante desde sus tres años y allí ayudaban a germinar todo su potencial como persona en potencia. En el colegio, la institución brindaba tres programas básicos orientados al comercio e industria, beneficios del pueblo como la salud, educación, ciencias puras y leyes. Por otra parte estaba la gestión de todo lo relacionado con las fuerzas armadas para los más aguerridos.

Cualquier persona en el mundo (que sepa leer español o que tenga un diccionario a la mano), puede decir que esta es una historia o cuento fantástico e idealista y hasta podrían llegar a decir que sería perfecto que nuestros mandatarios y aquellas personas que tengan el lujo del dinero o poder fuesen más perceptivos, dignos, entendedores, dadores y cuanta cosa positiva se les ocurra comentar, tal y como lo es el señor Arius. Los políticos dirían que es un modelo a seguir y que este hombre de fantasía con nombre ficticio y sin apellido es el ser mas trasparente. Y vaya que lo es, dado que ni al rango de fantasma llega porque nunca ha sido una persona sino un sujeto imaginario.

Pero… y vaya que cuando detecto un “pero”, mis sentidos se agudizan totalmente (llámenme paranoico pero yo no soy el que se cree el cuento del señor Arius). Entonces diré que simplemente haremos al señor Arius mas humano. El señor Arius era llamado así como su sobrenombre favorito y porque siempre le gusto ese nombre (nadie sabe porque). Pero a decir verdad, su verdadero nombre era Octavio y el apellido aun sigue inmerso dentro de un extraño suspenso. Pero francamente, ¿a quien le importan los apellidos cuando de dar un nombre se trata?

Entonces continuando con la historia, el señor Arius no era del todo tan buena persona como muchos creían. Es aquí donde en el momento clave del mundo que se inventó para ser leído y luego olvidarse, queda el enigma de “la otra cara de la moneda”. Las personas como las conoces, guardan dos caras en una misma moneda y no me refiero a las pocas o muchas que lleven en sus bolsillos, sino a que la persona en si, sea una moneda que muestre la mejor de sus caras al mundo. No es que esté llamando a toda la humanidad un solo ente hipócrita, sino que para ser más puntuales, lo uso para la historia en particular.

Entonces el señor Arius (Octavio), tenía otra cara que no quería mostrar dado que era una cara deforme. Por ejemplo, su limusina tenía blindaje nivel tres o cuatro porque no quería ser víctima de sus enemigos, los cuales y a toda costa trataban de hallar el momento preciso para acabar con su existencia. Y es que a veces al señor Arius más que por diferencia de ideales que por conveniencia, le figuraba cambiarse de bando o de idea y eso naturalmente no le gustaba a sus fieles compañeros o colegas. No obstante también la seguridad se debía a personas que aunque estando bien, les daba envidia el estatus que el señor Arius llevaba en su inmejorable vida.

¿Qué mas diré del señor Arius? ¿Tenia esposa o era divorciado  o viudo? El señor Arius podía tener a la mujer que quisiera siempre y cuando tuviera el suficiente dinero para pagarla. Y si el riñón o corazón de una persona vale millones en un mercado negro, imagínense cuanto valdría la mujer completa que él quisiera tener en sus aposentos en alguna de las noches que le quedara tiempo. Modelos, actrices y demás, desfilaban como si anduvieran en una pasarela y nadie se enteraba que estuvieron en la casa del señor Arius. Todas tenían su historia a manos de este simpático y reconocido héroe de su tierra. Pero a pesar de todo, nadie sabía nada acerca de esto que les estoy comentando. Y con respecto de los hijos diré que tendría uno que otro sin saber o sabiendo; pero todo manteniéndolo bajo un estricto secreto y con todo cuidado que no se volviera ni siquiera un peligro potencia que desembocara en un estrepitoso escándalo que acabara con la imagen que tanto le costó forjar a lo largo del tiempo. Por ejemplo, una famosa presentadora de televisión que una de esas tantas o pocas noches, pasó por las manos de este enigmático ejemplo de la comunidad, a los siete meses dio a luz a un niño al que le dio el nombre de Mauricio. Ella fue a la casa de nuestro protagonista a decirle que reconociera a su hijo y le diera el apellido, esperando que este sujeto tomara conciencia y responsabilidad frente a su caso. Desafortunadamente no pasó así, ya que Arius le propuso la manutención a cambio que ella saliera de su vida para siempre y ni se volviera a aparecer por allá. Encima de todo, le advirtió muy amablemente que si hacía de esto una noticia pública y en el peor de los casos un escándalo, no viviría para contarlo ni ella, ni su hijo que crecía con el paso de los días. Pero en ese tema de los hijos por fuera de un matrimonio que ni siquiera existe no me referiré más, ya que no queremos que el señor Arius se entere y tome cartas en el asunto. Ya suficiente con un ejemplo para imaginar la magnitud del poder que tenía este sujeto de personalidad tan envidiable.

Por otra parte y adentrándonos en lo referente a la educación, agregaré unas cosas que no estaban dichas. Por ejemplo, el hecho de que no hubiera niños en la calle o incluso indigentes. Sucedía que, había un par de instituciones que se encargaban de velar por una manutención total de estas personas que por cuestiones del destino, no tenían la posibilidad de salir adelante en una sociedad tan exigente en el campo laboral. Las personas en estas instituciones vivían en un semi-paraiso terrenal en el cual podían hasta llegar a obtener una oportunidad de forjar una vida real y tener un empleo real. En breves palabras, estas instituciones eran como albergues en donde la persona de la calle era llevada con o sin su autorización y era limpiada, vestida y prontamente capacitada en alguna especialidad en general como cocina, sastrería, pintura, zapatería, ventas, etc. Luego de ello, pasaba por unos exámenes para corroborar que haya aprendido lo suficiente y rápidamente era puesta a trabajar en alguna empresa que surgía. Se le brindaba un techo y luego de todo este proceso, pasaba a ser como cualquier ciudadano responsable que paga su impuesto, que va de compras, que tiene tal cual deuda, etc. De manra aue todo el pueblo quedaba maravillado con estas instituciones que prácticamente devolvían la vida a las personas mas desfavorecidas de la calle. Otras organizaciones se encargaban principalmente de cuidado de los niños de la calle, brindándoles una manutención completa, educación y todo un proceso para encaminarlos a el mundo del progreso, de la economía, de la infraestructura social en la que todos soñaban alguna vez poder entrar.

Pero la otra cara de la moneda era algo no tan acogedor como las palabras acabadas de redactar. Es cierto que muchas personas de la calle (incluidos niños), eran refugiados en estos sitios para luego capacitarlos y graduarlos como ciudadanos comunes y corrientes. Lo que las personas no sabían, era que el índice de personas que habitaban la calle era bastante grande y que aquellos que llegaban a los albergues indicados, solo eran personas con mucha suerte. Ya que los demás, aquellos que simplemente no se les podía dar más cupo, eran llevados a su perdición. Eran asesinados a sangre fría en un lugar muy lejos de la ciudad (incluyendo niños. ¡Imagínense!, que barbaridad). El presupuesto que el señor Arius tenía para estas personas no era tan grande como muchos pensaban y esto se veía reflejado en la cantidad limitada de cupos de personas que podían acceder a estas instituciones.

¿Que más  podemos agregarle a la otra cara de la moneda de este enigmático sujeto? No lo se, supongo que lo que cualquiera quiera. Pero la enseñanza de toda esta patraña es la siguiente: No hay que creer en fantasías como las de este cuento. Porque si las crees, puede que se te hagan realidad en el pueblo más cercano.